Puente rojo en Alava, Euskadi

Movilidad inteligente: eficiencia y sostenibilidad

Movilidad inteligente, economía fuerte. Ese fue el tema elegido para la Semana Europea de la Movilidad 2016, la cual tuvo lugar del 12 al 22 de septiembre en numerosas ciudades del continente y que planteó cuestiones muy importantes para el futuro de la sociedad española. Además de ser periodos de incertidumbre y pesimismo generalizado, las crisis económicas suelen incluir etapas de reformas que afectan a casi todos los sectores de la economía y estos cambios nos obligan a reflexionar sobre las causas y las consecuencias de las depresiones económicas. Todo ello sin olvidarnos de la exigencia de buscar soluciones y medidas inmediatas para salir de la recesión.

Si analizamos la historia, observaremos que los ciclos económicos –expansión y contracción– son uno de los aspectos más característicos del capitalismo y que en los periodos de contracción se suelen producir transformaciones de gran relevancia. Pues bien, si nos proponemos debatir sobre el origen de la crisis económica, social e institucional que está afectando a España desde 2008, seguramente nos quedaremos discutiendo sobre lo que se podría haber evitado y lo que se podría haber hecho mejor hasta el día del juicio final, ya que como todo el mundo sabe, a posteriori todos los expertos tienen respuestas y todos los análisis dan en el clavo.

Crisis, crisis… y más crisis

Pese a que los efectos más mediáticos de la crisis –el paro, la emigración, los recortes, la generación nini, etc.– son conocidos por todos, muchas de las transformaciones más importantes y más innovadoras que estamos observando están pasando casi desapercibidas, por lo menos para el público general. No es de extrañar, ya que para informar del grado de salud de nuestra economía, los medios de comunicación siguen pendientes del número de coches vendidos o incluso del número de hipotecas firmadas (España es, grosso modo, una pescadilla que se muerde la cola).

De todas maneras, podemos llegar a la conclusión de que, aunque difícilmente se puedan encontrar medidas para salir de la crisis que satisfagan a todo el mundo por igual, el objetivo de todos los sectores de la sociedad española es construir una economía más eficiente y sostenible. Y precisamente la eficiencia y la sostenibilidad son dos de los principios que están impulsando muchas de las transformaciones tecnológicas, económicas y sociales que estamos observando en nuestro país desde el comienzo de la crisis.

Movilidad inteligente: Schwebebahn de Wuppertal.

Todavía no se ha consolidado el ciclo, pero estamos viendo un cambio de mentalidad y podemos encontrar todo tipo de servicios de uso compartido. El paso de una concepción de los usuarios como compradores de bienes a un planteamiento en el que los consumidores son usuarios de bienes compartidos (o, mejor dicho, de bienes que antes de la crisis no se pensaba que se podían compartir) se está asentando. Aunque todavía no podemos definir con exactitud que servicios forman parte de la sharing economy, si podemos ver que Airbnb, Uber, DriveNow, car2go, COUP y otros modelos de negocios parecidos significan un cambio en la mentalidad de los consumidores.

Movilidad eléctrica y compartida

La movilidad inteligente es un aspecto cada vez más importante en nuestras sociedades y muchas administraciones públicas de todos los niveles están tomando medidas para adaptar sus infraestructuras y leyes a los nuevos tiempos. Hemos pasado de ver como se construían ciudades donde el coche privado era uno de los principales medios de transporte, a observar como el transporte público, la bicicleta y los nuevos modelos de transporte compartido, como el carsharing, ganan protagonismo en la planificación de cualquier entorno urbano.

Además de medios de transporte eficientes, conseguir que el mayor número de usuarios se desplacen en vehículos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente es el otro gran objetivo de las economías más avanzadas. La bicicleta –tanto la tradicional como la eléctrica– es la gran apuesta para los trayectos urbanos de corto alcance, mientras que el transporte público, la moto eléctrica, el automóvil híbrido y el coche eléctrico serán las opciones más prácticas para los trayectos urbanos e interurbanos de medio y largo alcance.

Movilidad inteligente: bicicletas.

En un futuro no muy lejano, los vehículos eléctricos dejarán de ser una excentricidad o un objeto al alcance de unos pocos. La americana Zero Motorcycles, la italiana Energica Motor Company, la austriaca Johammer e-mobility o la española Bultaco son un claro ejemplo de la amplia variedad de empresas que ya producen motocicletas eléctricas con éxito.

Actualmente el Nissan Leaf es el coche eléctrico apto para carretera más vendido del mundo y el BMW i3, el Volkswagen e-Golf o el Renault Zoe son algunos modelos eléctricos de los grandes fabricantes que habitualmente se pueden ver por las calles. Aunque todavía no ha conseguido llegar al gran público, los coches eléctricos de Tesla Motors, la compañía norteamericana de Silicon Valley, han logrado combinar un diseño atractivo, con altas prestaciones y confort, lo cual ha demostrado las grandes posibilidades de la movilidad eléctrica.

El vehículo autónomo, un paso hacia la movilidad inteligente

Los coches autónomos son la siguiente revolución del mundo de la automoción y de la movilidad urbana en general, ya que son un claro paso hacia la verdadera movilidad inteligente. Además de Google, Microsoft y otras compañías tecnológicas, todos los grandes constructores tradicionales van en esa dirección. Incluso si nos proponemos ver cómo están funcionando los vehículos autónomos en la actualidad, podemos pedir un taxi sin conductor a nuTonomy, una empresa americana que acaba de sacar un servicio de taxis autónomos en Singapur, y dar una vuelta por la ciudad asiática.

Movilidad inteligente: coches eléctricos.

Una vez que se superen las dificultades legales y los problemas éticos que la conducción autónoma está generando –responsabilidad legal en caso de accidente, qué casos estarían cubiertos por el seguro, etc.– nuestra relación con los coches no volverá a ser la misma. Antes de que llegue ese día, tendremos que plantearnos cuál es el modo más eficiente para movernos por nuestras ciudades.

Hasta hace poco, tener coche y piso en propiedad era lo habitual en nuestro país y, es más, ambos siguen siendo dos símbolos de estatus que permanecen anclados en nuestra mentalidad. Pero si la crisis nos ha enseñado algo es que si no somos capaces de ver las transformaciones que están por llegar y adaptar nuestra mentalidad a los nuevos tiempos, nos pasará como con la construcción –el símbolo del “milagro” económico español hasta que estalló el boom inmobiliario– y seguiremos divagando sobre nuestro futuro, viviendo hipotecados y con el agua hasta el cuello.




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